<<Chet hizo una pausa en su memoria, mientras tocaba el piano y escuchaba caer el agua caliente en la cocina. Todavía no había comprado todas las llantas.  Tenía que identificar las características de una llanta, luego hablar a llantas avante merida o a radial llantas merida para averiguar el precio de llantas rin 15, y si había llantas para aveo “ sin que se le olvidara preguntar” en cuanto se calibran las llantas, la rotación de llantas y si la velocidad de las llantas o el aire en las llantas no desbarataría su auto viejo…>>

Todas las llantas

Gran variedad de llantas para tu auto

Disolvió en su cabeza aquella situación y recordó la noche que Frederick, amigo francés, le enseñaba las ventajas de su idioma para conquistar chicas. Para él, que no había nacido con el acento francófono su éxito fue a la par con su fracaso. Esa noche, la vergüenza de sus intentos lo sumergió más en su ya marcada timidez. Entonces cruzó el salón, subió las escaleras de mármol y se escabulló al pie de un balcón del ala norte. Ahí, los murmullos hoscos y resonantes se apagaron.

 Lujo y fuerza ¡sólo en Vango!

La noche silenciosa lo acompañó y lo consoló con una encendida luna menguante. El sonido de un piano llenó la lejanía cuando el perfil de una sombra escurrió y cubrió la luz de la terraza. Chet vi flotar ante sus ojos un libro que se deslizó sobre el balcón hasta sus manos. La punta de una uña señaló un nombre escrito en el libro: Rudyard Kipling. Giró la mirada. Vio entonces, entre el resplandor vago,  un rostro cálido y dorado. La joven con aquel cuerpo impalpable aureolaba como un hermoso punto luminoso. La música y lo inusitado de aquel encuentro se quedaría grabado en Chet como una huella palpitante que jamás podría borrar de su memoria. Desde aquella noche aquel ser aparecería “cada día” con su poder mágico para consolar su vida.