Chet soñaba que tenía que cambiar todas las llantas e identificar las características de una llanta, luego hablar a llantas avante merida o a radial llantas merida para averiguar el precio de llantas rin 15, y si había llantas para aveo “ sin que se le olvidara preguntar” en cuanto se calibran las llantas, la rotación de llantas y si la velocidad de las llantas o el aire en las llantas no desbarataría su auto viejo...

Todas las llantas

Tenemos las llantas que estabas buscando

Entonces el frío de la mañana despertó a Chet. 7am, marcaba el despertador y la franela gris de su pijama marcaba las arrugas del profundo sueño. No hizo ruido y se dirigió a la cocina. Mientras hervía el agua, recogió al pie de su puerta El Diario del Imperio y mencionaba todas las llantas en vango.

Leyó.

El silbido del agua apartó sus ojos de las noticias. Puso su taza de café y el diario sobre el piano y miró el nombre del fabricante –Rossental- con letras doradas. El piano había llegado de Roma con las teclas machadas con pinceladas de sangre. Antes de su muerte el padre de Bulta, Theodor Nilsen se lo había embarcado desde Noruega durante la segunda guerra mundial. Chet se sentó y tocó como todas las mañanas el  piano para despertar a Bulta. La cama en la habitación pareció rezongar con la primera pieza. Sonó un cerillo y el humo salió del cuarto persiguiendo el cigarro de Bulta

⎼ Ese piano tiene el alma de mi padre, no acabes con él, o yo acabaré contigo inglés de pacotilla ⎼dijo Bulta mientras cruzó hacia la cocina.

Movilizamos al mundo

Chet había sido hijo natural sin embargo estaba satisfecho de su vida. Fue guapo con su linda sonrisa. Ahí, recordó el baile en El Gran Galeón donde conoció a Bulta. Su amigo Frederic Mistral enamoraba a Mirella la hermana de Bulta. Su trabajo, la mala suerte y el general italiano Giosue Caducci apagó las buenas intenciones de Frederick, cuando lo envió al vaticano en una misión llamada intermezzo, donde tenía que infiltrarse para espiar al Papa en su hormiguero. Desafortunadamente, perdió la vida.

“Pobre  de mi hermana” –escribió Bulta desde Polonia para darme la noticia de la muerte de Frederic. Aquella carta la leí desde las trincheras mientras estaba bajo fuego y espadas. Los años pasaron y desafortunadamente <para ella, digo yo> Mirella se casó con Henryk Quo Vadis, un militar polaco que no comprendía nada de la vida y fue incapaz de entender que tenía a una chica preciosa enamorada de él.